
Querido Carlos, nunca te conocí, y no era importante, pues cada camino que una pasa es para buscar mejores sombras en nombre de cada huella que uno deja, mis caminos y mis huellas ya pasaron sobre las sombras de mi propia vida amargada en un papel, pero aun sigo caminando, y en estos caminos torcidos supe que existías, de oídas nada mas, y siempre por la maldita desesperación de mis actos que me parecen que se me acaban, dejé de un lado encontrarte y charlar con vos, siempre postergué saludarte, siempre creí que los hombres buenos son eternos, y mira, que errado estaba yo, mas no mi rebelde memoria que aun te busca en cada rincón de este mundo perdido.
Creíamos entonces que la revolución nos salvaría del todo, y que en un día, en la calle de frente nos encontraríamos al final de esta dictadura, vos con tu pañuelo rojo y esa camiseta de Ernesto bordada a mano en tu piel, y yo de lejos, ya sin más apariencia burguesa que mi rostro curtido de batallas sin ganar.
Y no fue así Carlos, no ganamos la batalla, ni tu la de la vida ni yo la de la esperanza, estas duras luchas se acaban para todos, nunca pudimos parar la vergüenza pero por lo menos la soportamos sin rendirnos, y vos eras la principal razón en las calles, sin vos las marchas eran vacías, eras una razón porque estabas al frente, frente a las verdes tarántulas del terror, nunca te echaste para atrás, como muchos de tus “compañeros “ y “amigos” de Facebook, “héroes” del internet, “guerrilleros” del Twitter, “subversivos” del Chat, tú eras de carne y hueso, de rojo y negro, de pálido azul y de esperanza, de estrella en la frente y paz en el corazón, nadie más que vos supiste encarar la vida a tus 21 años apenas; leías sin rencor al viejo Borges y al gran Sábato, no te importaba comerte una burra en el pavimento hirviendo de dolor de estas marchas, o en el restaurante navideño, con la cena de Santa Claus, con tus compañeros de explotación, siempre fuiste ese que honró la historia que un día escribieron tus padres, nadie sabrá que soñabas, nadie sabrá que aspirabas, pero todos supimos que hiciste por el mundo, para heredar tu felicidad entre las manos fugaces del Dios de nuestras conciencias.
Adiós Carlos, no te conocí nunca y que importa, si la vida se pare en las calles y no en Google.
Un abrazo, Jesús y el Che están con vos.
10 de enero, 2010
Allan McDonald